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REUBICAR
SANTA BÁRBARA
.- Ignacio Cosidó
FIRMEZA
DEMOCRÁTICA CONTRA ETA
.- Ignacio Andrés
UN
PROYECTO PARA PALENCIA
.- Ignacio
Cosidó
ALEMANES
DEL SUR
.- Ignacio
Cosidó
CATALUÑA
Y CASTILLA
.- Ignacio
Cosidó
SALVAR
EL PEQUEÑO COMERCIO
.- Ignacio
Cosidó
EL
FUTURO DEL CAMPO
.-
Ignacio
Cosidó
ETA
EN PALENCIA
.- Ignacio Cosidó
POR
UNA PALENCIA SIN DROGA
.-
Ignacio
Cosidó
LOS
RETOS DE LA SEGURIDAD EN PALENCIA
.- Ignacio
Cosidó
LA
TERCERA JUVENTUD
.- Ignacio
Cosidó
PALENCIA
EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO.
- Ignacio
Cosidó
UNA CIUDAD PARA LOS
NIÑOS
.- Ignacio
Cosidó

REUBICAR
SANTA BARBARA
Ignacio
Cosidó
La
fabrica de armas de Santa Bárbara es parte esencial de la
historia industrial de nuestra ciudad. Aún hoy, cuando
nuestra provincia ha desarrollado un tejido productivo mucho
más denso, Santa Bárbara, con sus casi 300 empleos
directos y la importante actividad que genera, continúa
siendo una de nuestras principales empresas. El ambicioso
proyecto que General Dynamics, propietaria de la compañía
tras su privatización, tiene para Santa Bárbara, abre
nuevas posibilidades de crecimiento y desarrollo para la fábrica
palentina. Pero esa potenciación debería implicar la
construcción de una nueva infraestructura y la recuperación
para la ciudad de la gran superficie que hoy ocupa la vieja
factoría.
La
amarga experiencia de fuertes reducciones de empleo que
experimentó Santa Bárbara en la década anterior, junto
con la amenaza de cierre que durante un tiempo planeó sobre
la fábrica, hizo que el proceso de privatización de la
empresa fuera percibido con cierto recelo por sus
trabajadores y por buena parte de la sociedad palentina. Sin
embargo, el debate debe superar hoy la cuestión de la mera
supervivencia de la fábrica, algo que queda asegurado en el
propio contrato de venta hasta al menos el año 2006, para
centrarse en como hacer crecer la factoría y como
trasladarla a unas instalaciones más modernas.
La
fábrica de Santa Bárbara en Palencia no sólo es viable,
sino que tiene un gran potencial de crecimiento futuro. La
factoría palentina vive actualmente una de sus mejores
momentos en cuanto a producción. Tiene contratos con el
Ministerio de Defensa, entre otros clientes, que le aseguran
además una importante carga de trabajo para los próximos años.
Al margen de la producción tradicional, Santa Bárbara en
Palencia ha logrado ocupar algunos nichos tecnológicos que
la hacen competitiva en los mercados internacionales,
incluyendo incluso el de Estados Unidos.
Por
otro lado, la factoría cuenta con un personal muy
profesional y una maquinaría que ha sido renovada en buena
medida en los últimos años. En el 2002 se harán además
importantes inversiones para mejorar la capacidad y la
calidad de su producción. Todos sus productos han sido ya
homologados y las posibilidades de exportación son cada vez
más importantes, incluyendo algún contrato ya firmado con
Italia. No es de extrañar que la productividad por empleado
en Palencia se encuentre así entre las más altas de la
compañía en España.
El
equipo técnico de la fábrica está demostrando tener la
capacidad y la voluntad de asumir nuevos retos. La fabricación
de munición para el cañón del nuevo avión de combate
europeo EF-2000 es uno de ellos. El desarrollo de municiones
de nueva generación, cada vez más sofisticadas, precisas y
menos contaminantes, es otro. Ser más competitivos para
poder abrir nuevos mercados internacionales es quizá el
reto más importante.
Pero
una vez que se han despejado las dudas sobre la viabilidad
del centro, sería importante retomar la cuestión de su
ubicación. Por un lado, el nuevo proyecto industrial que
inicia Santa Bárbara podría verse muy favorecido si se
abandonaran las viejas instalaciones de la fábrica actual,
que se han convertido en una rémora para el desarrollo de
la factoría, y se construyera una nueva fábrica adaptada a
las necesidades de los proyectos futuros. Por otro, para
Palencia podría ser un verdadero revulsivo urbanístico
recuperar las más de veinte hectáreas que ocupa la fabrica
actual.
Una
operación de este tipo tiene sin duda múltiples
complejidades y exigiría una voluntad conjunta de todas las
administraciones implicadas. En primer lugar, es necesario
un compromiso de la empresa no sólo para mantener en
Palencia su factoría, sino para poner en marcha nuevas
capacidades de producción. En segundo término, el
Ministerio de Defensa, titular de los terrenos, debería
estar dispuesto a sufragar una parte importante del coste de
la operación con los ingresos que pudiera obtener de la
venta de los terrenos liberados, que no deberían ser objeto
de especulación. El Ayuntamiento, por su parte, tendría
que posibilitar la operación desde un punto de vista urbanístico.
La Junta de Castilla y León y la Diputación Provincial
deberían, por último, apoyar de forma efectiva el nuevo
proyecto empresarial.
En
definitiva, creo que ha llegado el momento de plantear con
seriedad una de las operaciones que más impulsarían el
desarrollo industrial de nuestra provincia, al tiempo que
supondría una gran expansión urbanística para nuestra
ciudad. Pero para lograr este objetivo, se necesitaría una
acción coordinada y decidida de nuestras instituciones
palentinas, que deben ser las grandes impulsoras de este
proyecto.

FIRMEZA
DEMOCRÁTICA CONTRA ETA
Ignacio
Andrés
La
conferencia que Jaime Mayor Oreja impartió el pasado jueves
en Palencia me ha llevado a un convencimiento aún más
profundo de la importancia de mantener la firmeza democrática
para derrotar al terrorismo. Sé que muchos ciudadanos de
buena fe pueden preguntarse por qué no negociar con la
banda terrorista ETA, si con ello pudiéramos evitar más
muertes. Sin embargo, no creo que sea cierto que podamos
evitar más muertes negociando con los terroristas. Es más,
negociar con ETA es en cierto modo matar la democracia
misma.
Mantener la
firmeza democrática pasa, antes que nada, por ser
plenamente conscientes del abismo moral que nos separa de
los terroristas. Pretender responsabilizar de las muertes
causadas con plena intención por los terroristas, como
hacen algunos, al
Estado, a la sociedad o a quien quiera que no sea el sujeto
activo del hecho criminal, es tan absurdo como que aquel que
nos apuñaló con el objeto de atracarnos nos reprochara que
no hubiésemos sido los solícitos donantes que le cabía
esperar.
En cualquier
caso, en una hipotética negociación, la banda terrorista
ETA sólo puede ofrecer el cese de una actividad criminal,
es decir, no tiene nada legítimo que ofrecer. La negociación
quedaría así reducida a la más pura extorsión. Debemos
preguntarnos por tanto si la actividad criminal en una
democracia consolidada debe ser objeto de negociación, si
tiene sentido que los representantes legítimamente elegidos
por los ciudadanos puedan establecer de igual a igual tratos
preferentes para los miembros de una organización criminal
o para sus fines, y si esto, cuando menos, no forzaría los
más elementales principios democráticos al coaccionar la
voluntad de convivencia de un pueblo y el ordenamiento jurídico
de un estado democrático en el que todos tienen los mismos
derechos. En definitiva, la violencia y los actos criminales
resultan inaceptables como medios de intervención en la
vida pública en una democracia, por eso las más firmes
convicciones cívicas nos prohíben negociar con quien nos
coaccionan.
Para
complicar aún más esta tesitura de “negociación
si-negociación no”, los terroristas intentan siempre
legitimar sus actividades delictivas aduciendo un conflicto
político. Pero en nuestro entorno occidental los conflictos
políticos no justifican acciones criminales
fundamentalmente por dos motivos: primero, porque los
conflictos políticos los resolvemos en las urnas. Segundo,
porque creemos en la hermosa idea de que el individuo es el
sujeto de derechos por antonomasia y desconfiamos por
naturaleza de los posibles, en ocasiones imposibles,
derechos de ficciones jurídicas como sociedades, de
construcciones doctrinales con cierta base sociológica como
“los pueblos” o de meras entelequias que frecuentemente
son utilizadas para socavar los derechos de personas físicas
de carne y hueso. Miguel Ángel Blanco nos puede servir como
el mejor ejemplo.
Hay que ser
muy prudente a la hora de reconocer como sujetos de
derechos, y aún más de qué derechos, a entes tan
abstractos como son “los pueblos” sobre los que el mismo
Derecho Internacional Público es reticente, pero
legitimarse en ellos , a modo de fórmulas mágicas, para
socavar derechos fundamentales como la vida resulta un salto
al vacío del fanatismo.
A nadie se
le oculta que la existencia de ETA es utilizada por el
nacionalismo no criminal para recordarnos en todo momento la
existencia de un conflicto político. Eso es sacar
rentabilidad política de una actividad terrorista de
terceros, y si bien no es subsumible en ningún tipo penal,
ofende la sensibilidad de la ciudadanía.
De
los actos criminales al conflicto político hay un abismo.
Abismo que podemos saltar si negociamos, los que no matamos,
en beneficio de los que asesinan y de los que relacionan los
asesinatos con el socorridísimo conflicto político. Estaríamos
entonces aceptando sus métodos como argumento frente a la
democracia, y dado que el ordenamiento jurídico vincula a
todos, el hecho de negociar con estos criminales y no con
otros, supondría implícitamente el reconocimiento a los
terroristas de su calidad de representantes o portavoces de
algo o de alguien, así como también la legitimación de la
destrucción del individuo en nombre de abstracciones místicas.
Un precio que ninguna democracia puede pagar.

UN
PROYECTO PARA PALENCIA
Ignacio Cosidó
Palencia
necesita definir que quiere ser en el futuro. Ya no basta
con saber gestionar de forma más o menos eficaz una lenta
decadencia. Para asfaltar las calles, recoger la basura o
cuidar los parques, bastan con unos buenos servicios técnicos,
que los tenemos, y unas diligentes empresas. Pero para
generar un proyecto de ciudad se necesita ambición y una
nueva visión de nuestra ciudad.
Palencia
necesita un proyecto de ciudad más ambicioso, más
ilusionante, más prometedor. Palencia necesita contagiarse
del dinamismo, el crecimiento y la vitalidad de ciudades que
como Burgos y Valladolid nos circundan. El crecimiento de
nuestros vecinos puede ser entendido por algunos como una
amenaza que nos fagocita, pero si sabemos aprovechar
nuestras posibilidades con inteligencia, esa proximidad
puede convertirse en un elemento positivo que favorezca el
desarrollo y el crecimiento de nuestra ciudad.
Nadie
cuestiona que Palencia goza de una situación estratégica
envidiable, situado en el vértice del triángulo de mayor
desarrollo de la región. Pero gozar de una buena posición
estratégica no significa automáticamente estar en
disposición de aprovechar y sacar rendimiento a esa posición.
Nuestra situación nos da sin duda una ventaja inicial, pero
no significa que nos dé ganada de antemano las partidas. El
AVE llegará a
Palencia, pero el efecto de esa parada tiene más que
ver con el rendimiento que consigamos extraer de esa parada
que con el hecho mismo de que el tren pare.
Algo
parecido pasa con el turismo. Palencia tiene un enorme
patrimonio arquitectónico y artístico. La provincia goza
además de parajes inigualables y de una riqueza natural
extraordinaria. Nuestra cocina, nuestra cultura y nuestra
historia encandilan a todos cuantos nos visitan. Todo ello
supone un gran potencial turístico para Palencia, pero no
garantiza por si sólo que los hoteles de nuestra capital se
llenen todos los fines de semana. Nuestro patrimonio
cultural y natural nos abre posibilidades, pero el saber
aprovecharlas es algo que depende de nosotros y que exige
mucha imaginación y mucho esfuerzo.
Por
último, nuestra ciudad disfruta de una calidad de vida
excepcional. Tenemos unos servicios públicos, ya sean
sanitarios, educativos o de justicia, que están, gracias a
los excelentes profesionales que nos los proporcionan, por
encima de la media en cuanto a la calidad del servicio. La
ciudad es tranquila y la seguridad ciudadana es de las
mayores de toda España. Tenemos un buen nivel de renta.
Somos una de las ciudades con más zonas verdes de todo el
país. Gozamos de excelentes comunicaciones con el resto de
España, enlaces que van a mejorar además espectacularmente
en los próximos cinco años. ¿Cómo es posible que con esa
calidad de vida la población permanezca estancada y nuestra
sociedad envejezca año tras año? Un buen nivel de vida es
un gran aliciente, lo será cada vez más, para atraer
población, pero tampoco es suficiente por sí solo. Hay que
saber utilizar esa calidad como un arma estratégica para
captar población.
Las
comunicaciones, el turismo o la calidad de vida son sólo
algunos ejemplos de los dilemas que debemos plantearnos para
ganar nuestro futuro. Ya basta de lenguaje lastimero y de
volcar todas nuestras frustraciones hacia Madrid o
Valladolid. Si hay goteras en nuestra ciudad, algo tendremos
que hacer nosotros para reparar esos agujeros. Palencia
necesita un discurso ilusionante porque tenemos
posibilidades, porque creemos en nosotros y porque tenemos
un pasado tan glorioso como ambición por un futuro mejor.
Palencia
necesita por tanto un gran proyecto de ciudad. Un proyecto
que sepa canalizar todas nuestra energías, que sepa
aprovechar todas nuestras potencialidades, que nos permita
abrir nuevas puertas al futuro. Estamos en un momento
crucial para hacerlo. Tenemos oportunidades históricas,
como el impulso a las infraestructuras, los fondos europeos
o el desarrollo de nuestro entorno, que debemos saber
aprovechar justo ahora, en este momento. Sumarnos al sector
de ciudades más dinámicas y prosperas o quedarnos en el
grupo de las más deprimidas y despobladas es algo que nos
jugaremos en los próximos años. Pero para ello necesitamos
un proyecto de ciudad que vaya más allá del arreglo del último
tramo de la calle mayor, siendo esto importante.

ALEMANES
DEL SUR
Ignacio
Cosidó
Palencia
no tiene petróleo, pero a cambio tiene hombres y mujeres
que muchas veces valen su peso en oro. El factor humano es
de hecho la principal riqueza de nuestra tierra. Gente
sencilla, austera, laboriosa. Personas para las que la
palabra dada continúa teniendo un valor infinito. Hombres y
mujeres pacíficos y valientes, que aman intensamente la
tierra que pisan y que tienen por costumbre mirar al cielo.
Ciudadanos orgullosos de su pasado que han sabido, a lo
largo de su larga historia, extender su lengua y su cultura
por cuatro continentes.
He
oído a dirigentes de algunas empresas instaladas en nuestra
provincia elogiar públicamente la calidad de la mano de
obra palentina. En su opinión, somos personas poco
conflictivas, firmes cuando reclamamos nuestros derechos,
pero poco dados a la reivindicación permanente. Somos gente
cumplidora, poco inclinados al fraude y al engaño. Así, la
productividad de nuestros empleados se sitúa de hecho entre
las más altas de nuestro país.
La
historia demuestra además que países con grandes recursos
naturales han tenido en ocasiones más dificultades para
desarrollarse que otros que no disponían de tales recursos.
La escasez exacerba muchas veces el ingenio y el ansia de
superación. Es más, hay quién culpa a las grandes
riquezas en oro, diamantes o petróleo de algunos países
africanos como una de las causas principales
por las que estos pueblos se encuentran en conflicto
permanente y en el peor de los subdesarrollos. Por el
contrario otros países sin aparente riqueza natural se
encuentran hoy a la cabeza de la economía mundial.
Palencia
ha basado su supervivencia durante siglos en el cultivo de
una tierra seca que dependía del cielo para producir. Esta
espera permanente ha forjado nuestro carácter. Los años
malos exigían apretarse el cinturón, mientras que los
buenos servían para reponer reservas. Sometidos a un
destino que no controlaban, nuestros antepasados aprendieron
lo que es la paciencia y la resignación. Pero esa escasez
nos hizo a su vez responder con una gran fuerza creadora y
con una gran capacidad de expansión.
La
frase de que el capital humano es la principal riqueza de un
país no es por tanto mera retórica. La capacidad de
trabajo y de sacrificio de una sociedad, el número de
emprendedores que emergen en ella, el espíritu de innovación
y la voluntad de prosperar, son los verdaderos motores de
desarrollo de una sociedad moderna, factores que tienen en
realidad una influencia sobre la riqueza de un país mucho
mayor que la mera disponibilidad de recursos naturales.
Mantener
esa calidad de nuestra población productiva resulta por
tanto uno de los elementos más esenciales para garantizar
el futuro. ¿Pero cómo es posible mejorar esa calidad? En
primer lugar, sería bueno mejorar nuestro marketing, es
decir, aprender a vendernos mejor a nosotros mismos. Esto
pasa antes que nada por quitarnos complejos absurdos de
inferioridad. Una cualidad negativa que en muchas ocasiones
también adorna a los castellanos.
En
segundo término, es esencial continuar mejorando la calidad
de la educación de nuestros jóvenes. No se trata de
mandarlos a todos a la universidad, pero sí de reducir el
fracaso escolar entre nuestra población juvenil y lograr
una mayor especialización de esos jóvenes mediante
estudios que les capaciten para acceder a un puesto de
trabajo, bien a través de la formación profesional, bien
accediendo a un título universitario.
En
tercer lugar, es importante mantener la paz social que ha
caracterizado históricamente nuestra provincia. Esto no
significa que debamos ser enérgicos en la defensa de los
intereses de los trabajadores, pero siempre desde una
predisposición al dialogo y a buscar soluciones.
Leí
hace unos meses, no recuerdo ya donde, que a los castellanos
se nos conoce en muchos países europeos como “los
alemanes del sur”. Nos caracteriza, igual que a nuestros
vecinos del norte, por nuestra seriedad, por nuestro rigor y
por nuestra capacidad de trabajo. Esa sigue siendo hoy
nuestra principal riqueza, un patrimonio que debemos
conservar, mimar y mejorar de forma permanente.

CATALUÑA
Y CASTILLA
Ignacio
Cosidó
El
nacionalismo catalán, al contrario que el vasco, se ha
definido históricamente como un proyecto no solo compatible
con el Estado español, sino como un proyecto comprometido
con la modernización de España. Es más, el nacionalismo
catalán ha estado siempre más centrado en la defensa de su
propia identidad y de sus intereses, especialmente económicos,
que en el odio a la idea de España o la confrontación con
el Estado. Hay, por tanto, que saber reconocer a este
nacionalismo no sólo su capacidad para conformar mayorías
democráticas de gobierno en Cataluña, sino haber sabido
simultáneamente aportar una contribución relevante a la
estabilidad, a la moderación y al desarrollo del conjunto
de España.
Por
su parte, el Partido Popular, haciendo de la necesidad
virtud, logró construir una relación de fondo con los
nacionalistas catalanes que le permitió gobernar con mucha
más comodidad de la esperada tras las elecciones de 1996.
Sin embargo, el momento político actual ha cambiado
radicalmente. Por un lado, los escaños de CiU en el
Congreso ya no resultan imprescindibles para Aznar. Por
otro, los escaños del PP en Cataluña sí resultan vitales
para Pujol. Además, la deriva radical del PNV ha sembrado
una creciente desconfianza en la sociedad española respecto
a todos los nacionalismos periféricos.
A
pesar de este nuevo escenario, Aznar se ha preocupado de que
las relaciones con el nacionalismo catalán sobrevivan a
esta nueva coyuntura menos favorable. Por un lado, el
respaldo parlamentario de CiU evita la imagen de
prepotencia, pero también de aislamiento, de un PP cuya
mayoría absoluta le podría transformar en una apisonadora.
Por otro, no puede descartarse que en un futuro más o menos
lejano, los escaños de CiU puedan volver a resultar
necesarios para mantener una mayoría de gobierno estable.
Hay además una convergencia de políticas sociales y económicas
entre CiU y PP que hace más fácil esa relación.
Pero
existen también
algunos riesgos que amenazan el futuro de esa positiva
relación entre nacionalismo catalán y centrismo español.
El primer riesgo, sin duda, es la persistencia de un
terrorismo cuyos objetivos soberanistas extienden una sombra
de desconfianza y de rechazo de la mayoría de la sociedad
española sobre todo movimiento nacionalista. Una vez más,
ETA constituye un grave factor distorsionador de nuestra
realidad política y social con el que es necesario acabar.
El
segundo riesgo es que a determinados miembros del partido en
el gobierno, se les pueda terminar subiendo en exceso a la
cabeza su abrumadora mayoría absoluta. Sería injusto,
hasta la fecha, formular una acusación de este tipo al
Gobierno, que se ha comportado con notable moderación en la
mayoría de las cuestiones. Sin embargo, no se puede
descartar a priori que haya alguien con este tipo de
actitud, una posición que siendo aritméticamente legítima,
resulta negativa tanto para los interese del Gobierno como
para los intereses generales de nuestro país.
El
tercer riesgo es la falta de tacto y sensibilidad que los
nacionalistas demuestran en muchas ocasiones hacia el PP
catalán. El no reconocimiento al apoyo decisivo que los
populares prestan al actual gobierno de la Generalitat,
especialmente en un momento en el que como ya hemos señalado,
los escaños de CiU no resultan imprescindibles para el
Gobierno central, puede abrir heridas muy profundas entre
ambas formaciones. Este hecho, unido al carácter inagotable
del discurso reivindicativo de los nacionalistas, puede
poner a prueba la fortaleza de la relación.
Pero
más allá de los intereses puramente partidistas de los dos
actores, lo cierto es que la involucración del nacionalismo
catalán en la gobernabilidad de España es sin duda un
elemento esencial en la consolidación de nuestro Estado
autonómico y en el desarrollo económico y social de
nuestra sociedad.
La
presencia de Xavier Trias, portavoz de CiU en el Congreso y
el hombre fuerte de Pujol en Madrid, el pasado jueves en
nuestra ciudad, para hablarnos sobre la Cataluña emergente
en la España plural, puso de manifiesto la voluntad de
entendimiento y de colaboración que sigue subsistiendo a
pesar de las coyunturas y de los encontronazos que sin duda
existen y seguirán existiendo. Tras escuchar su
conferencia, no resulta descabellado pensar que en esta España
del siglo XXI no pueda constituirse un eje Castilla-Cataluña
como vanguardia del crecimiento, el desarrollo y la
prosperidad de toda España, de la misma forma que ya lo
fueron ambos hace cuatro o cinco siglos.

Ignacio
Cosidó
En
una ciudad como Palencia, que vive en buena medida del
sector servicios, un tejido comercial sano, moderno y
competitivo resulta básico no solo para el desarrollo económico
de la ciudad, sino para mejorar la calidad de vida de sus
ciudadanos. Sin embargo, el pequeño comercio sufre en
nuestra ciudad una crisis crónica que ha causado el cierre
de numerosos negocios tradicionales y que impide el
desarrollo y la expansión de muchos los que permanecen
abiertos.
La
crisis del pequeño comercio es común a toda España e
incluso a escala Europea. La implantación de grandes
superficies y cadenas multinacionales de distribución,
unido al incremento de los costes de todo tipo, han llevado
a este sector en las últimas décadas a una crisis que se
manifiesta con toda su crudeza en épocas de recesión. Por
otro lado, la expansión del comercio electrónico abre un
nuevo frente que sino se adoptan las medidas adecuadas puede
suponer otra ola de cierre de negocios en el futuro.
Palencia no sólo no será ajena a esta tendencia, sino que
incluso la puede vivir con particular intensidad.
Si
queremos salvar al pequeño comercio es necesario por tanto
establecer un plan de acción que incumbe tanto a los
propios comerciantes, como a los responsables políticos y
al conjunto de nuestra sociedad palentina. Sólo con la
voluntad decidida de todos seremos capaces de superar
definitivamente esa crisis y poder gozar así de un comercio
de calidad en nuestra propia ciudad.
La
primera cuestión incumbe a los propios comerciantes que
deben modernizar, reconvertir y adecuar sus negocios a una
demanda cambiante y cada vez más exigente. Es difícil que
el pequeño comercio pueda competir en precio con las
grandes superficies, pero sí puede hacerlo en calidad del
servicio. Esto requiere una nueva mentalidad más abierta e
innovadora y precisa también de mayor unidad en todo el
sector para poder realizar una defensa conjunta e
inteligente de sus intereses.
La
segunda línea de acción afecta a las distinta
administraciones, pero muy especialmente a la municipal. Quién
ha abierto un negocio sabe bien la multitud de trámites,
las demoras que esas gestiones suponen y lo que hay que
pagar por licencias y permisos antes si quiera de haber
abierto la puerta de un comercio. Por otro lado, en economías
tan ajustadas como las que en ocasiones soporta el pequeño
comercio, tasas e impuestos que en otros sectores
productivos pueden no resultar tan gravosas, desequilibran
el presupuesto mensual de muchas economías familiares.
Frente
a esta realidad de tasas, trámites e inspecciones, se
anuncian a veces subvenciones que son como las ofertas de
vacaciones, que se publicitan a bombo y platillo pero a las
que luego por cualquier causa nunca te puedes acoger. El
pequeño comercio no quiere ser subvencionado, lo que quiere
es ser competitivo. No se trata tanto de dar subvenciones a
unos pocos, sino de que el conjunto pague menos impuestos y
pueda reducir así sus costes y ganar competitividad. Eso no
significa que en temas como la formación o el asesoramiento
no deba haber un apoyo aún más decidido de las
administraciones a este sector.
Pero
lo más importante es lograr una mayor conciencia ciudadana
de apoyo a nuestro comercio local. A nadie le gustaría
pasear por una ciudad fantasma llena de locales que se
alquilan o se venden. El pequeño comercio cumple también
una función social y es indispensable para el desarrollo de
una economía como la palentina. Por eso duele cuando muchos
palentinos prefieren comprar su ropa en Madrid o en
Valladolid porque les parece como más “chic”. No se
trata de apelar a un chauvinismo barato, se trata de
defender nuestros propios intereses y apostar racionalmente
por el lugar donde vivimos.

EL
FUTURO DEL CAMPO
Ignacio
Cosidó
La
crisis de las “vacas locas” y la posterior epidemia de
fiebre aftosa que se extiende por nuestro Continente están
amenazando seriamente el modelo de desarrollo agrícola y
ganadero que se ha desarrollado en Europa en las últimas décadas.
Por un lado, esta crisis va a acelerar el final de una Política
Agrícola Común que ya venía siendo cuestionada desde hace
tiempo. Por otro, estas epidemias están minando la
confianza del consumidor en la salubridad de su cadena
alimenticia. De la capacidad que demuestre nuestro sector
agropecuario para adaptarse a estas nuevas realidades y
demandas depende en buena medida su pervivencia futura.
El
final de la PAC, al menos en su concepción actual, parece
estar ya anunciado. Por un lado, una parte de la opinión pública
europea es cada vez más reacia a admitir que la política
agrícola común consuma una proporción cada vez mayor del
presupuesto comunitario. Por otro, los países del norte,
liderados por Alemania, con un sector agrícola más
reducido y que son los principales contribuyentes de la Unión
Europea, parecen haber lanzado un ultimátum a esta política.
Incluso Francia, principal valedora de la PAC, parece haber
asumido ya este final a cambio de otras compensaciones, como
el retraso en la liberalización del sector eléctrico.
Finalmente, las perspectivas de ampliación de la Unión
hacia el Este, con la incorporación de nuevos países con
fuertes sectores primarios, no hará sino aumentar la presión
para reducir las subvenciones agrícolas a los países del
sur.
Todo
este proceso de decadencia de la PAC se puede acelerar ahora
con las crisis actuales. No hay dinero comunitario
suficiente, ni la voluntad política común necesaria para
poder compensar de sus pérdidas a los miles de ganaderos
damnificados por estas crisis. Todo ello parece empujar
hacia un proceso de renacionalización de las políticas agrícolas
en los países comunitarios.
La
crisis de confianza de los consumidores tendrá
repercusiones aún más graves que el final de la PAC. Hace
ahora un año la Guardia Civil realizó una operación sobre
el empleo de productos agroalimentarios. Como entonces no
existía la psicosis desatada desde las vacas locas, sus
resultados pasaron más desapercibidos. Pero sus resultados
fueron realmente preocupantes. Las más de 17 mil
inspecciones realizadas dieron lugar a más de 12 mil
denuncias administrativas y penales. La mayor parte de ellas
tenían que ver con la utilización irregular de productos
fitosanitarios para lograr mayores producciones en los
cultivos, pero el número de denuncias fue también muy
elevado, casi 3.500, en cuestiones de sanidad animal, así
como en productos destinados al consumo humano, con otras
tres mil denuncias. En todas esas infracciones Castilla y León
se situaba además entre los primeros puestos por
Comunidades Autónomas.
Al
estallar la crisis de las vacas locas, el SEPRONA puso en
marcha una nueva operación específica para el control de
la Encefalopatía Espongiforme Bovina. Tras más de diez mil
inspecciones a mataderos, explotaciones ganaderas,
intermediarios y transportes se impartieron casi cinco mil
denuncias y se incautaron casi medio millón de kilos de
piensos prohibidos.
Sería
estúpido responsabilizar a un sector que tiene serias
dificultades para sobrevivir de todas estas situaciones, del
mismo modo que sería injusto establecer conclusiones
generalizadas en el que justos pagaran por pecadores. Pero
lo que estos datos están demostrando realmente es que hay
una crisis del modelo de desarrollo agropecuario que nos
hemos impuesto en los países occidentales. Un modelo que ha
terminado por quebrar la confianza del consumidor y que debe
ser revisado, por tanto, de forma urgente.
Hay
por tanto que reflexionar a fondo sobre el futuro de nuestra
política agraria. Las subvenciones europeas, que
lamentablemente pueden estar llegando a su fin, pueden
servirnos para tratar de adaptar nuestro sector agropecuario
a esta nueva realidad. En este sentido, la demanda de
confianza por los consumidores abre nuevas oportunidades
para una agricultura más orgánica y ecológica. La
biotecnología supone también nuevas perspectivas de
desarrollo. Las industrias de transformación deben a su vez
saber adaptarse a las nuevas demandas y exigencias de los
consumidores.
Todo
esto supone nuevas oportunidades para nuestro campo, pero es
evidente que sino sabemos interpretar el sentido del cambio
y no adoptamos desde ahora las decisiones oportunas para
adaptarnos a él, nuestro sector agropecuario puede
encaminarse a una crisis de la que le va a ser muy difícil
sobrevivir.
ETA
EN PALENCIA
Ignacio Cosidó
La
detención el pasado jueves de un colaborador de la banda
terrorista ETA en Fuentes de Nava no sólo ha colocado a
nuestra provincia en la actualidad nacional de la lucha
contra el terrorismo, sino que ha venido ha alterar
informativamente esta semana tradicionalmente festiva de San
Antolín. La sorpresa ha sido mayor porque una provincia
tranquila como la nuestra, donde por fortuna parece que casi
nunca pasa nada, debía estar inmunizada no sólo contra la
comisión de un atentado terrorista, sino contra la mera
presencia de indeseables de esta calaña. La realidad, sin
embargo, ha venido a demostrar una vez más que por
desgracia nadie está totalmente libre en España del
contacto con esta lacra que es ETA.
Pero
la detención por presunta colaboración con banda armada de
un tal José Ramón Acero Espina, con orígenes en nuestra
provincia, un chico de 25 años, miembro de una familia a la
que algunos vecinos tildaban de muy normal y hasta
encantadora, incita además a realizar algunas reflexiones.
En primer lugar, señalar que no es nueva en absoluto la
presencia en ETA de miembros con apellidos profundamente
castellanos, quizá porque nadie es más radical en su
creencia que el converso o porque el origen “español”
de los apellidos obliguen a demostrar mayor furor asesino en
la redención a la nueva patria. Esta presencia de hijos de
inmigrantes estuvo justificada además ideológicamente por
el giro revolucionario de corte marxista que la banda operó
en los años setenta. Pero la presencia de nuevas
generaciones de hijos de castellanos casa mal con la
corriente etnicista y nacionalista excluyente que parece ser
predominante en la banda actualmente, aunque imagino que la
pragmática ETA tampoco estará tan sobrada de candidatos
como para andar comprobando su RH o investigando su árbol
genealógico.
A
pesar de ello, lo que llama poderosamente la atención es la
capacidad de la banda terrorista para seguir captando
activistas y que esas nuevas incorporaciones sean además
cada vez más jóvenes. Muchos culpan de esta realidad al
adoctrinamiento oficial que desde el Gobierno nacionalista
vasco se viene practicando con las nuevas generaciones, pero
en mi opinión, esa capacidad de captación tiene más que
ver con la cultura de la violencia que lleva décadas
instalada en el País Vasco que por el éxito apologético
del nacionalismo gobernante, aunque sin duda ese
adoctrinamiento también influya. Así, los nuevos etarras
se verán con toda probabilidad más seducidos por la
atracción de la violencia como expresión de rebeldía y
como experiencia de iniciación y de vinculación a un
grupo, que por las trasnochadas tesis de Sabino Arana o las
no menos obsoletas de la revolución proletaria.
Por
otro lado, la conexión cada vez más evidente entre ETA y
los movimientos violentos juveniles, tipo “okupas”,
vinculación que ha denunciado recientemente el
Vicepresidente Primero del Gobierno, Mariano Rajoy, viene a
avalar esta tesis. ETA, que ha sido maestra históricamente
en instrumentalizar movimientos sociales como el ecologista
o el de la insumisión, no puede dejar escapar movimientos
emergentes como el de la “okupación” o el de la “antiglobalización”,
movimientos que han demostrado además tener en su seno un
componente violento significativo.
Esta
estrategia de ETA viene forzada además por la necesidad.
Las dificultades que encuentra la banda para mantener una
estructura fuertemente organizada y centralizada hacen que
el protagonismo de la denominada lucha callejera haya
crecido respecto a las acciones terroristas clásicas.
Sin
embargo, esta estrategia no está afortunadamente exenta de
riesgos para la organización terrorista. Así, la
difuminación de su organización acarrea el riesgo de
perder la cohesión ideológica y la coherencia estratégica
que han caracterizado a la banda a lo largo de toda su
historia. En segundo término, esta desestructuración puede
generar a su vez una progresiva degradación de la
organización, cuyos componentes ya presentan de hecho un
cada vez menor grado de concienciación doctrinal y un
perfil intelectual más pobre.
Por último, un uso intensivo de la Kale Borroka
generará un rechazo cada vez más activo de la sociedad
vasca frente a la violencia, extinguiendo definitivamente la
ya muy escasa legitimidad que una minoría de sus ciudadanos
aún conceden al terrorismo. Y sin ese mínimo apoyo social
es imposible que ETA pueda sobrevivir.

POR
UNA PALENCIA SIN DROGA
Ignacio
Cosidó
Los
palentinos fumamos y bebemos poco, en comparación con el
resto de España, y nos drogamos mucho menos aún. Este bajo
consumo tanto de las denominadas drogas legales (alcohol y
tabaco), como de las ilegales (cannabis, heroína, cocaína
y drogas sintéticas) se pone de manifiesto claramente en el
último estudio elaborado por el Plan Nacional sobre Drogas.
La reducida oferta y demanda de estas sustancias en Palencia
supone un espaldarazo a la política de prevención llevada
a cabo hasta la fecha en nuestra provincia. Sin embargo,
esos buenos resultados deben llevarnos a fortalecer esa política
de prevención y no relajarnos, porque la amenaza de la
droga está siempre presente para nuestros jóvenes.
La
lucha contra la droga tiene múltiples frentes: la represión,
la prevención, la rehabilitación y la reinserción. Todos
ellos son importantes, pero sin duda, el elemento más
decisivo, es la prevención, particularmente en los jóvenes.
Hasta ahora, el acento de las políticas gubernamentales había
estado siempre puesto en la rehabilitación, pero la
estrategia 2000-2008 diseñada por el Gobierno pone un nuevo
énfasis en al prevención. Sin duda es importante mantener
el nivel de atención especializada de la que dispone
nuestro país para recuperar este tipo de enfermos, pero está
claro que invertir en prevención significa que mañana
ahorraremos mucho más en la siempre costosa rehabilitación.
En
esto nuestra provincia parece haber sido pionera. Las políticas
preventivas llevadas a cabo en Palencia con la colaboración
de gobierno central, Junta de Castilla y León,
ayuntamientos, centros escolares y diversas asociaciones y
organizaciones, han dado como fruto tener uno de los niveles
de consumo más bajos de España y de Castilla y León. No
es momento, sin embargo, para bajar la guardia.
Hay
en la encuesta del Plan sobre Drogas algunos datos que
resultan inquietantes. Por un lado, el descenso de la edad a
la que se empieza a consumir droga y la menor sensación de
peligro que se experimenta cuando se consume. Por otro, hay
una incorporación masiva de la mujer al consumo de este
tipo de sustancias nocivas, una incorporación que
llega al extremo de que hoy las fumadoras superan a los
fumadores y las mujeres tengan más problemas con el alcohol
que los hombres.
Tenemos
en consecuencia que reforzar la labor preventiva entre los más
jóvenes para que el consumo de estupefacientes cada vez más
duros no se convierta en algo habitual en nuestros pueblos y
ciudades. Una labor preventiva que requiere no solo recursos
sino también voluntad y mucha imaginación. El primer y más
esencial paso en esta política pasa por concienciar a los
padres del riesgo que corren sus hijos y del papel esencial
que juega la familia en prevenir ese riesgo. En segundo
lugar, nuestras escuelas deben involucrarse también en
mayor medida en esta estrategia de prevención, incluyendo
entre sus enseñanzas más información sobre el daño que
causan las drogas a nuestra salud, a nuestra personalidad y
a nuestro entorno. Finalmente, es también esencial ofrecer
alternativas de ocio a nuestros adolescentes, opciones que
no pasen por el consumo incontrolado de alcohol mezclado con
todo tipo de sustancias en la vía pública, como por
desgracia es habitual muchos fines de semana. Esas nuevas
ofertas de ocio deben tener en las actividades
extraescolares en al escuela un elemento fundamental.
En
esta labor preventiva juega también un papel esencial una
acción más decidida y contundente de las fuerzas de
seguridad. Es preciso un control más estricto de la venta
de alcohol a menores y debe sancionarse sistemáticamente el
consumo de drogas en lugares públicos. Pocas cosas como la
denuncia de un policía o un guardia civil tienen más
eficacia para censurar una conducta que socialmente no debe
ser asumible.
Nuestro
objetivo debe ser lograr una Palencia sin drogas. A la vista
de las cifras de consumo este parece un objetivo alcanzable
para nuestra sociedad. Pero para ello hace falta un renovado
esfuerzo y un más firme compromiso por parte de todos
contra la droga.

LOS
RETOS DE LA SEGURIDAD EN PALENCIA
Ignacio
Cosidó
Palencia
es según los índices de delincuencia una de las provincias
más seguras de España. El fuerte descenso del número de
delitos en el año 2000, casi un 20%, parece reforzar aún más
esa realidad. Este descenso se debe en buena medida a una
brillante actuación de Guardia Civil y Policía Nacional,
que con su trabajo diario libran una dura batalla para
mantener a ralla a los delincuentes. Estas cifras no deben,
sin embargo, llevarnos a ningún tipo de euforia. Es más,
la seguridad ciudadana deberá hacer frente en esta primera
década del nuevo siglo a una serie de desafíos que pondrán
a prueba la capacidad de respuesta y adaptación de nuestras
fuerzas de seguridad.
El
primer gran reto para nuestra seguridad lo constituye la
emergencia del crimen organizado, una nueva forma de
delincuencia a la que Palencia no es completamente inmune.
No se trata de generar alarma, pero este año se han
producido ya algunos “alunizajes” en nuestra capital,
coches que se estrellan contra las lunas de los comercios
para robar su mercancía, que ponen de manifiesto una
presencia esporádica de estas bandas de delincuentes. El
afortunado desarrollo económico de nuestra provincia, con
proliferación de nuevos polígonos industriales en todo el
eje Valladolid-Palencia, construirá además un polo de
atracción para estos grupos que tienen en las naves
industriales otro de sus objetivos predilectos.
El
problema de este tipo de criminalidad, aunque sea de pequeñas
bandas, es que en muchos de sus delitos hay una utilización
de la violencia, lo que sin duda causa una especial alarma
social. Luchar contra ellas tiene la dificultad añadida de
su gran movilidad geográfica, lo que exige a las fuerzas de
seguridad no sólo una gran coordinación en todo el
territorio nacional sino incluso una cada vez mayor
cooperación internacional. Policía y Guardia Civil deben
por tanto estar preparadas para hacer frente a esta nueva
delincuencia cada vez más sofisticada y peligrosa.
Un
segundo desafío para nuestra seguridad lo constituye la
integración social de nuestros inmigrantes. En muchas
ciudades españolas la proporción de extranjeros entre los
detenidos está aumentando de forma importante. Ese es un
indicativo claro de que la integración social de los
inmigrantes no siempre está funcionando como debe. Hay además
razones objetivas para explicar este hecho. La entrada de
inmigrantes irregulares es siempre un primer paso para la
marginación social y, como último eslabón de esa cadena,
para la delincuencia. Quién por carecer de papeles tiene un
cada vez más difícil acceso a un puesto de trabajo digno,
es una presa fácil para las redes de delincuentes.
Un
último factor a tener en consideración es la urbanización
de nuestro mundo rural. No hay más que mirar los antaño
pequeños pueblos que circundaban la capital: Villamuriel,
Villalobón o Grijota, para entender este fenómeno. La
urbanización de todo ese entorno rural, incluyendo la
concentración de población en las capitales de comarca,
llevará asociado con toda probabilidad un aumento de la
delincuencia en esas zonas. Este reto obligará a la Guardia
Civil palentina a mantener un constante esfuerzo de adaptación
de sus servicios a la nueva realidad urbana así como a una
permanente racionalización de sus limitados recursos.
La
experiencia histórica demuestra que determinadas tendencias
sociales que se inician en otras zonas de España tardan a
veces en llegar, pero finalmente llegan a nuestra provincia.
Y esto es así para lo bueno y para lo malo. Delincuencia
organizada, inmigración ilegal y urbanización del mundo
rural son realidades ya muy presentes en otras regiones y
afectarán sin duda, están afectando ya aunque en menor
proporción, también a la nuestra.
La
seguridad es sin duda uno de los elementos fundamentales de
la calidad de vida de las sociedades modernas, un factor que
está además en alza en la valoración subjetiva de los
ciudadanos. Mantener el excelente nivel de seguridad
alcanzado en el año 2000 es por tanto uno de los grandes
retos colectivos que debemos afrontar para el futuro. No será
fácil, pero tampoco imposible.

LA
TERCERA JUVENTUD
Ignacio
Cosidó
La
vejez, a la que eufemísticamente empezamos a denominar hace
unas décadas como tercera edad, va camino de convertirse de
forma efectiva en una tercera juventud. Varios factores están
marcando esa evolución: una ampliación constante de las
expectativas de vida, un colectivo mayor cada vez más
numeroso y relevante política y socialmente, unos servicios
de protección y asistencia social que permiten mayor
autonomía a las personas mayores. Estos cambios suponen no
sólo nuevas oportundiades de realización personal, de
desarrollo profesional e intelectual o de ocio y relaciones
sociales para neustro mayores, sino que supone a su vez una
transformación importante de nuestra sociedad en su
conjunto.
En
Palencia hay en estos momentos 37.000 personas mayores de 65
años. Nuestra provincia se sitúa así como una de las
zonas en las que hay un envejecimiento de la población más
acusado. Este envejecimiento es percibido además como una
amenaza, como un grave problema al que debemos dar solución.
Pero en realidad el envejecimiento de la población tiene
también valores positivos y algunos de los riesgos que se
deducen hab de ser cuestionados y analizados más
detenindamente.
Así,
si el envejecimiento se produce por el |