Jaime
Mayor Oreja repasó, en las instalaciones del Grupo
Promecal en Valladolid, algunos asuntos de actualidad,
como la situación política vasca o el terrorismo de ETA.
Los
directores de cuatro periódicos del Grupo Promecal,
Vicente Ruiz de Mencía (Diario de Burgos), Antonio Mencía
(Diario Palentino), Ricardo Arques (Día de Valladolid) y
José Manuel Serrano (Diario de Ávila) y el editor de
informativos de Canal 4 Castilla y León, Juan Manuel Pérez,
entrevistaron al portavoz del Grupo Popular en el
Parlamento del País Vasco, Jaime Mayor Oreja.
¿Qué
valoración hace de la violencia terrorista en estos
momentos, después de las últimas detenciones en Francia?
Tenemos
que tener la seguridad y la convicción de que la
democracia española, la sociedad española, el Estado de
derecho en España está en una buena dirección frente al
terrorismo. Las cosas van bien aunque no están resueltas.
Si algo hemos aprendido los españoles tras el 11 de
septiembre famoso es que íbamos en la buena dirección:
confianza en nosotros mismos, en el Estado de derecho, y
lo único que tenemos que hacer ahora es ir eliminando las
limitaciones que aún tenemos para erradicar el terrorismo
definitivamente. Una de ellas se ha mostrado eficaz
durante estas semanas, que es la cooperación con Francia.
¿No
cree que ha habido altibajos en esa colaboración?
Yo
creo que la lucha contra el terrorismo en España ha sido
la superación gradual de muchas limitaciones y complejos.
Unos asentados en el odio, otros en la indiferencia. El País
Vasco es una sociedad que está demasiado determinada por
el odio y en la sociedad española ha habido siempre
muchos complejos para combatir el terrorismo. Y la
sociedad internacional ha sido indiferente al terrorismo
en España. No se puede hablar de un altibajo particular,
aunque España ha sido el único país de la Unión
Europea donde hemos tenido que padecer durante más de 20
años el fenómeno del terrorismo.
¿No
cree que la policía francesa actúa cuando quiere?
El
pecado de los franceses, de su policía y de su sociedad,
ha sido más bien la indiferencia. No es un tema que ocupa
y preocupa como en la sociedad española. No hay tanto
altibajo, como indiferencia, durante demasiado tiempo,
hasta que, gradualmente, la sociedad francesa ha entendido
que se tiene que preocupar por el terrorismo en España.
Nunca hay que medir por una detención o por dos o tres
actuaciones el trabajo de la policía. Yo creo que esa
relación no ha dejado de avanzar y que debe seguir
avanzando.
La
presencia de Olano en algunos actos públicos ha provocado
cierta reticencia en la sociedad española.
Sin
duda, pero el problema de Olano en Francia es que no
existe ni ha existido ni ha habido ningún interés de
seguir las peripecias de Olano. No se trata de que haya
habido mala fe por parte de las autoridades francesas. Es
malo afrontar la relación con Francia desde un cierto
victimismo, como si los franceses nos maltratasen. No es
esa situación. Es un problema de que ETA sólo nos ha
afectado a nosotros y ha marcado una distancia que, lógicamente,
nos ha perjudicado durante mucho tiempo.
¿Ha
sido necesario «un 11 de septiembre» para que todos los
países democráticos se solidaricen contra el terrorismo?
Es
evidente que ha tenido que producirse un atentado en pleno
corazón occidental para confirmar que el terrorismo no sólo
es enemigo de los países víctimas de esta lacra, sino
que lo es de la civilización occidental. No ha sido
suficiente que en España hubiese 1.000 muertos por
terrorismo en 20 años, pero el mundo no es perfecto. Lo
importante es que esto no nos debe acomplejar. El mundo es
como es y de lo que se trata ahora es de aprovechar esa
nueva conciencia en el ámbito internacional para que nos
ayuden a nosotros a acabar con el terrorismo doméstico.
Ahora se abren expectativas importantes, como es el caso
de la «eurorden». Un paso que da la Unión Europea por
España.
¿No
se está magnificando la cruzada contra el terrorismo tras
el 11 de septiembre? ¿Cómo se concreta la ayuda de
Estados Unidos a España?
No
se trataría tanto de hablar de logística concreta. Lo
importante, más allá del apoyo tecnológico, es que se
ha creado un clima político, porque el país clave para
España en la lucha contra ETA es Francia, pero estoy
seguro de que a Francia le afecta la opinión de Estados
Unidos y lo que pasó el 11 de septiembre. Y la
concienciación de la ONU también es muy importante,
exigiendo a los países miembros medidas concretas en la
lucha contra el terrorismo, de manera que Francia también
será sensible a ello.
¿Qué
importancia tenía la presencia de la organización
terrorista islámica en España?
El
terrorismo islamista hay que vincularlo a sociedades con
mucha inmigración como Francia o Alemania. España es un
país que ha tenido un fenómeno de inmigración más
reducido y nosotros no hemos percibido, durante años,
ningún problema.
¿Tenían
ustedes alguna sospecha sobre posibles conexiones con Al
Qaeda?
Nosotros
hemos controlado a grupos relacionados con islamitas
argelinos y a algunas derivaciones de lo que podría ser
terrorismo islámico internacional. No tanto como para
aproximarnos al personaje Bin Laden, que en sí no era
desconocido, al menos para mí, porque en mi etapa de
ministro de Interior, en los viajes que hice a Estados
Unidos, ya figuraba como un riesgo, no percibido por la
sociedad americana, pero sí por los expertos en la lucha
contra el terrorismo.
¿Le
preocupa que la colaboración con Estados Unidos pueda
tener alguna repercusión?
Nunca
hay que tener miedo a los terroristas, y nunca hay que
dejar de hacer las cosas que uno tiene que hacer para
combatirlos. Hemos padecido la indiferencia de otros países,
por eso no podemos hacer lo mismo. Si el terrorismo afecta
al mundo occidental, España tiene que saber
comprometerse.
¿Cree
que los miembros de Batasuna han percibido ese nuevo clima
o siguen en sus trece?
Están
inmóviles, fundamentalmente, porque el nacionalismo
vasco, no sólo Batasuna, está inmóvil. Pero ellos están
preocupados por lo que va a pasar.
Desde
el Parlamento vasco ¿Se puede hacer algo contra el
terrorismo?
Se
debe luchar contra el terrorismo en todos los ámbitos,
porque todos los foros son pocos para acabar con ETA. El
Parlamento vasco, la policía autonómica... sin embargo,
la determinación para acabar con el terrorismo sigue
siendo la gran asignatura pendiente de los nacionalistas
en el País Vasco.
¿Qué
lectura hace el PNV de las últimas elecciones?
Ellos
dicen que no ganamos, a pesar de que tuvieron que
concentrar todo el voto nacionalista, incluyendo el de
Batasuna. Pero en el fondo, no obtuvieron más votos,
aunque ellos aseguran que el nacionalismo avanzó, con una
lectura equivocada. Pero en estos meses se está viendo
que tienen una mayoría muy precaria, que les impide
incluso tomar acuerdos en el Parlamento.
¿Ha
cambiado algo tras estas elecciones?
En
primer lugar, que nos atrevimos a presentar una
alternativa política al PNV. Les hicimos, por primera
vez, sudar la camiseta, por primera vez pusimos en peligro
su hegemonía, por primera vez se aunaron PNV y EA, por
primera vez, 80.000 votos de EH (40 por ciento del espacio
político de esta formación) fue a apoyar al PNV. Y por
primera vez, PP y PSOE superamos el 41 por ciento de los
votos.
¿Sigue
habiendo entendimiento entre Batasuna y ETA?
Con
el Pacto de Estella hubo coincidencia plena entre el
Partido Nacionalista Vasco y ETA. Ahora han pasado a un
proyecto de convergencia, han pasado de la ofensiva a la
defensiva, beneficiando al partido padre. El nacionalismo
son tres siglas con un único movimiento y tres
estrategias, pero donde no siempre hay acuerdo.
¿Qué
pasa si los nacionalistas siguen apostando por su soberanía?
Lo
fundamental es ir afrontando los problemas por orden. Ya
hubo en el 98 una ofensiva nacionalista de gran magnitud,
alrededor de Estella. El PP y el PSOE respondieron con un
pacto conjunto. Si algún día hacen un referéndum, ya
veremos, pero hasta ahora PP y PSOE se entienden en el País
Vasco como nunca, y trabajamos en otros apartados como la
universidad, para defender el constitucionalismo en el País
Vasco.
A
día de hoy, ¿qué se puede hacer por acabar con el clima
de tensión del País Vasco?
El
diálogo no se puede establecer desde el acuerdo previo
entre PNV y ETA. A nivel político, lo que hay que hacer
es recurrir al marco constitucional español. Hemos
dialogado como nadie en la Unión Europea. Llevamos 23 años
dialogando con el nacionalismo vasco sobre su Estatuto.
Pero es que Castilla y León tiene más razones que el País
Vasco para hablar de derechos históricos y, a pesar de
ello, la Constitución no los ha reconocido. El siguiente
paso lo tenemos que dar los vascos, construyendo sobre
esos derechos que nos han reconocido, y que pasan,
primero, por reconocer como una obligación histórica
nuestra presencia en España. No como un derecho
unilateral para separarnos, sino como una obligación
respecto al resto de los españoles.
CONGRESO
NACIONAL DEL PP
¿Qué
espera del Congreso Nacional del PP?
Un
partido como el PP tiene que celebrar un congreso a la
altura de las responsabilidades de Gobierno. No va a ser,
por tanto, un congreso de nombres y apellidos, sino de un
partido normal, con limitaciones, que se equivoca muchas
veces, donde ninguno de nosotros es un genio ni de la política
ni de nada... Pero hemos aprendido que no hay proyectos
personales, sino de una parte de la sociedad española que
es la que confía en nosotros y nos ha otorgado una mayoría
clara. Por otro lado, en torno al presidente del Gobierno
hay un equipo de personas que favorece la tranquilidad de
futuro que es, yo creo, lo que la sociedad española
quiere ver. No tiene interés en que el presidente sea
menganito o citranito, sino en que haya tranquilidad en el
partido y en el posible relevo, para el que, por cierto,
hay mucha gente y muy cualificada.
¿Qué
papel puede jugar Ángel Acebes, ahora que se pide que
tenga más poder, de cara sobre todo a la sucesión de José
María Aznar? ¿Qué va a supone para Castilla y León?
Ángel
Acebes está ahí, sin duda, porque se lo merece. Porque
está siendo un gran ministro de Justicia, porque fue un
gran coordinador del partido y porque, sin duda, es una de
las personas más importantes en el organigrama del PP.
Porque además de los valores políticos que tiene, tiene
unos valores humanos impresionantes y yo creo sinceramente
que tiene una gran proyección de futuro. Está trabajando
bien, como otros, pero cada uno sabe dónde tiene que
estar en cada momento.
SITUACIÓN
EN EL CONDADO DE TREVIÑO
Es
obligado preguntar al portavoz parlamentario del PP en el
País Vasco sobre la situación del Condado de Treviño.
Lo
que tienen que hacer las autoridades alavesas y las de
Castilla y León es hablar y dialogar. Hay que seguir
haciendo lo que no debería haberse dejado de hacer nunca:
solucionar el problema, si existe, desde el punto de vista
del diálogo, pero sin obsesionarse por ello. Ahora hay
una buena oportunidad para continuar con ese diálogo, que
va más en favor de los intereses de los ciudadanos que de
otra cosa.
¿No
lamenta haber dejado responsabilidades de Gobierno para
encabezar una lista en el País Vasco?
No,
yo creo que cada uno tiene que hacer lo que moralmente
debe hacer. Fui yo mismo quien pedí a José María Aznar
la cabeza de la lista al Parlamento vasco, y lo hice con
el convencimiento de que era necesario, porque de otra
manera yo no podría haber seguido siendo ministro de
Interior. Y ahora estoy volcado en la política en el País
Vasco, que es mi tierra, y pienso en mis actuales
responsabilidades, con las que, por cierto, me siento útil,
que es lo mejor que puede pasar a alguien que está en el
mundo de la política, concluir que su trabajo sirve para
algo. Más adelante, y cuando el momento sea oportuno, las
responsabilidades podrán ser o no diferentes, pero ahora
no echo nada de menos.
CONCIERTO
VASCO
¿Qué
sucede realmente por el concierto vasco?
El
PNV está apostando por una política de ruptura a plazos,
de la que ahora tenemos una muestra, que pasa por plantear
que el Gobierno de España está en contra de la autonomía.
Fracasó el Pacto de Estella del 98 y la autodeterminación
como elemento inmediato. Desde este punto de vista, la única
salida del PNV es abordar la renovación de un concierto
económico por tiempo indefinido, que daría estabilidad a
la sociedad vasca. Pero políticamente no concuerda con la
estrategia independentista, que es lo que ha primado. Todo
lo demás es mentira.
¿Qué
sucede con el problema vasco?
Yo
no creo que exista un problema vasco como tal. Creo más
bien que es un problema de desencuentro entre los propios
vascos, su pasado, su presente y su futuro. Entre los más
tradicionalistas y los más progresistas, pero siempre
entre los vascos. No se trata de un problema político, de
un conflicto o un contencioso con el resto de España.